Durante su trayectoria profesional, Bert Hellinger observó que existe un “movimiento” durante las constelaciones que no depende del facilitador ni de la herramienta empleada y decidió darle cauce, proponiendo una nueva forma de esta terapia a la que denominó “Movimientos del Espíritu”.
En esta segunda versión, posterior a los “Movimientos del Alma“, el facilitador suelta las riendas de la actividad terapéutica y se concentra en la experiencia fenomenológica, permitiendo que las cosas fluyan sin preconceptos u objetivos establecidos, dejando ser lo que ES. Se convierte en un acompañante o canalizador de la “Consciencia Universal”, abandonando las pretensiones del Ego y entregándose exclusivamente al sentir; tal como ocurre en otras terapias energéticas o espirituales.
Este regreso de Bert Hellinger a la fenomenología pura, dentro del método de Constelaciones Familiares, tiene precedentes en el constelador holandés Daan Van Kampenhout, autor del libro “La sanación viene desde afuera: Chamanismo y Constelaciones Familiares” de 2003. En esta obra Van Kampenhout analiza las similitudes entre ambas formas de sanación y afirma que el trabajo de Bert Hellinger contiene ya elementos chamánicos; como son la intervención de las almas de los ancestros, el cambio repentino en la persona, la intervención de fuentes externas o la sanación a través del grupo y del espacio (campo sistémico).
constelaciones familiares y rituales sistémicos
A partir de ahí desarrolla un método propio: los rituales sistémicos, ahondando en tales elementos y añadiendo otros propios de la tradición chamánica como el uso del tambor, los cantos de invocación y el trabajo con los cuatro cuerpos vibracionales de la persona: el cuerpo físico, el energético, el mental y el astral. Estos rituales están concebidos principalmente para reforzar a la persona, tomando el poder de sus ancestros y del fluir de la Vida.
En muy poco tiempo esta nueva forma de constelaciones se desarrolló como una síntesis entre el método de Bert Hellinger e ingredientes chamánicos cualesquiera. A los cantos y el tambor se les añadieron rituales con elementales, movimientos energéticos o incluso sanaciones corporales. Además, dada la intensidad de la curación chamánica, la introducción del elemento (o cuerpo) emocional fue inevitable; tanto que, a día de hoy, la liberación emocional es uno de sus ingredientes fundamentales, dando lugar en muchas ocasiones a auténticos estados de catarsis. Por último, no se reducen a una serie de rituales sino que son verdaderas Constelaciones Familiares con una serie de añadidos. Su objetivo final o, si se quiere, su discurrir natural, es la reconciliación, el encuentro o la aceptación desde lo más profundo del corazón. Por ello, actualmente, como he dicho, la apertura del sentimiento es elemento principal.
el ingrediente fundamental de las constelaciones chamánicas es la apertura del corazón
En conclusión, las Constelaciones Chamánicas son una forma de terapia grupal en la que el elemento principal son las constelaciones de Bert Hellinger y diversas herramientas del Chamanismo; pero a las que también se pueden añadir cualquier otra técnica en función de las habilidades del facilitador y las necesidades del grupo. En efecto, esta forma de constelaciones ha terminado acogiendo cualquier forma terapéutica o de sanación que pueda surgir durante el encuentro; pues, desde que se añade el adjetivo “chamánico” a algo, ya no puede ser encuadrado en una técnica u otra y esto porque, mientras que la medicina moderna se compone de especialidades, la tradicional es holística y consiste en un crisol de posibilidades que se desarrollan según la inspiración y el conocimiento de cada terapeuta.
Las Constelaciones, realizadas en grupo, pueden asimilarse a un círculo de sanación, donde cada participante ocupa un lugar y desde él contribuye a la curación individual y de la totalidad. El facilitador, por su parte, es el “maestro de ceremonias”, que canaliza la energía del grupo para llevarla a buen puerto.







